El sobrepeso y la culpa

Una de las peores sensaciones que padece una persona con sobrepeso es la sensación de culpa, de achacarse a si misma un comportamiento incorrecto. 
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La culpa es una sensación, una emoción que nos embarga y nos hace sentir realmente mal cuando somos sensibles a ella y cuando nos la imponemos de una forma taxativa y sin opción alguna. De hecho, la culpa es el resultado del juicio, el veredicto, que hacemos respecto a nuestro comportamiento. 

Este tipo de sensación suele venir condicionado y promovido por las creencias populares y las creencias limitantes que hemos aceptado sin contemplación ni análisis previo alguno, de modo que las aceptamos ciegamente y de forma obligada, como si de un principio o un valor se tratara, algo que todo el mundo ha de cumplir. 

El problema radica en que ese juicio realizado en base a esa creencia, suele ser una auténtica manipulación de la realidad, una conclusión superficial de unos hechos que no han sido analizados en su justa medida ni en su justo valor. Y lo peor es que esos juicios los realizamos en todos loa aspectos de nuestra vida.

Pero el tema que nos compete hoy es el del sobrepeso y es ahí donde suele verse mucho un escenario de culpas y arrepentimientos, como si de un valle de lágrimas se tratara, un muro de lamentaciones sin fin y sin análisis alguno. Solo culpa. Pero culpa...¿De qué?
La culpa fue del cha-cha-chá
Y no es para menos porque a la situación hay que darle una bis cómica. Y es así porque la persona se siente culpable de haber comido de más, haber comido algo que no debería comer, algo que engorda, algo que no puede dejar de comer, ha comido compulsivamente, o simplemente ha comido contra su voluntad. Claro, si le ha pasado algo de esto es porque algo en esa persona falla ¿Verdad? O bien es una persona imperfecta, o dejada o vaga, o vete tu a saber qué clase de persona es esa que come así. 

Pero todo esto es literalmente falso. Si de algo es culpable esa persona es de desconocimiento o de desinformación. Sí, de no saber lo que está pasando ni lo que está comprando. Entonces lo primero que tiene que darse cuenta esa persona es que el producto que ha adquirido en el supermercado es simplemente un producto artificial (seguro que no está comiendo fruta o verdura de forma compulsiva) y que ha sido pensado y diseñado para que el consumidor tenga la imperiosa necesidad de devorarlo hasta el final y que después quiera volver a comprarlo de nuevo. Esto es el negocio perfecto, un producto que produce una necesidad.

Por otro lado la persona también ha de darse cuenta que su cuerpo es inteligente. Si, inteligente, y lo vuelvo a repetir: inteligente. El cuerpo pide lo que necesita y no depende de la voluntad del individuo alojado en él sino de su propia necesidad de supervivencia, por lo que si necesita comer, pide comida y obliga a la persona a través de una serie de sensaciones insoportables a saciar ese apetito voraz. Y más aún, el cuerpo es capaz de decidir lo que hace con los alimentos que ha adquirido por la digestión y cómo digerirlos.

Porque lo primero que debe saber la persona que se siente culpable es algo que hemos dicho ya y algo más:

1- El cuerpo es inteligente y toma sus propias decisiones con el fin de la supervivencia
2- El cuerpo no es un almacén de calorías
3- Cuando el cuerpo sufre restricciones entiende que hay escasez y pide más
4- Cuando al cuerpo no se le da los nutrientes que necesita va a pedir más comida hasta que encuentre lo que busca
5- La industria del sabor manipula a través de mensajes publicitarios, de informaciones sesgadas y conocim¡ento científico manipulado para hacer que la responsabilidad caiga en el consumidor, lavándose las manos de los efectos finales. 
6- La comunidad científica, la industria de la información, y los canales oficiales, mantienen permanentemente vigente la teoría del saco de calorías que más o menos todo el mundo acepta y que es algo así :" El cuerpo es como un almacén con horno crematorio cuyo tamaño depende del balance de calorías ingresadas versus calorías quemadas" ...-pero que nadie ha acabado de demostrar-.
No hay culpa en respirar lo que se necesita

Por todo ello, al igual no no vamos a restringir el aire que respiramos (de momento) ni el agua que bebemos, ¿Para qué hemos de restringir la comida que nuestro cuerpo nos pide? . Hay que darse cuenta que si el cuerpo la pide es porque la necesita. Que si el cuerpo la pide es porque tiene alguna razón o motivo para pedirla y detrás de ese motivo o razón siempre está la necesidad de supervivencia. Dicho de otro modo, el cuerpo se engorda o adelgazar porque quiere mantener la vida, es decir, sobrevivir y esa es una de las soluciones que adopta para ello, engordarse. 

De esta manera si usted siente que en algunas ocasiones come de más, come compulsivamente o come alimentos o de forma inadecuada, lo mejor desde luego no es sentirse culpable, sino mantener una opción neutra que le permita analizar cual es la situación y cuales son los factores que le hacer tener esas compulsiones por comer. Por tanto, quítese la culpa de encima, porque con ello solo va a conseguir un peso más a sus espaldas. 


Miguel Alarcón

Hipnoterapeuta
Especialista en ayudarte a salir de las adicciones con hipnosis
Especialista en ayudarte a encontrar tu alegría.
Centro Magna
Tél. 619 788 150
info@centromagna.com
https://www.centromagna.com
 


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